Aprendí a leer sola.
Fue mientras mi madre me veía entretenida con dibujos animados merendando.
No sabía ni qué era “un código” pero lo descifré igual. Noté que tal letra va con tal sonido y viceversa.
Cuando el resto de la clase estaba con el abecedario, yo empezaba a hojear Moby Dick. No entendí gran cosa pero me dio igual.
Lo curioso es que mi madre me contó esto hace solo dos años como si me estuviese contando que había comprado un kilo de tomates.
Y sígueme el rollo que en realidad la historia trata de ti y no de mi.
Porque resulta que todo tiene su código.
Letras, sonidos, palabras.
Tu cabeza tiene sus códigos exactamente igual.
¿O crees que es aleatorio que justo cuando apagas la luz y estás agotada, se te ponga en modo centrifugado y te deje KO al día siguiente, sin batería para seguir con un proyecto que te entusiasma?
O que te repita «no te van a dar ese trabajo a ti» hasta el agobio.
Tampoco es aleatorio que repases cincuenta veces la conversación con tu clienta o con tu madre cuatro horas después de terminarla.
O que te suelte un “tú no puedes” con una puntería asombrosa, justo el día que ibas a lanzar algo nuevo o a apuntarte a clases de bajo.
Detrás de esto, existe un patrón.
Hay un orden en el que sucede. Un código. Y por supuesto una forma de romperlo y cortarlo en seco.
No estás a merced de lo que a tu cabeza le apetezca decirte hoy. Tienes muchísima más agencia que eso.
Y cuando desarrollas esa agencia es cuando puedes desarrollar todo tu potencial: todos tus dones con los que has llegado a este planeta y los que te has encargado de desarrollar tú, pueden salir.
Sólo necesitas descifrar tu código particular.
Eso mismo es lo que me he pasado miles de horas haciendo como psicóloga.
También me ayudó a ser buena descifradora las cientos de horas en la silla opuesta como paciente (trece años en terapia y el 50% pérdida de tiempo, abajo te cuento esta parte).
Así que hice lo mismo que con leer sola: acabé desarrollando un método.
A esto es a lo que me dedico.
El resto del texto es cómo puedo ayudarte a ti ahora a romper tu propio código para que tu cabeza deje de atosigarte y puedas desarrollar plenamente el potencial que hay en ti.

